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A BABOR FRANCISCO POMARES

La jauría (ahora contra él)

14/jun/18 6:22 AM
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Màxim Huerta, ministro de Cultura nombrado por Pedro Sánchez hace apenas una semana, dimitió ayer de su cargo, convirtiéndose en el ministro más breve de la Democracia. El periodista se vio forzado a dimitir -tras alguna dubitación mañanera- al hacerse público que el año pasado fue condenado a pagar a la Agencia Tributaria un total de 366.000 euros, por haber defraudado a Hacienda un cuarto de millón, entre 2006 y 2008, utilizando una empresa interpuesta creada "ad hoc" para pagar menos impuestos de los que le habría correspondido por IRPF si sus ingresos se hubieran recibido como persona física.

Huerta dimitió ante Sánchez, pero no inmediatamente. Lo hizo después de que el Partido Popular y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, pidieran su inmediata destitución, y tras comenzar a divulgarse masivamente en las redes un twitt de 2015, del propio Sánchez, en el que este aseguraba proféticamente que si descubriera entre los suyos a alguien que creara "una sociedad interpuesta para pagar la mitad de impuestos, esta persona al día siguiente estaría fuera de mi ejecutiva." Veneno puro para Màxim.

En una comparecencia pública tras presentar su dimisión a Sánchez, Huerta se lamentó de haber sido víctima del ruido y de una jauría ante la que -según dijo-, de nada sirven las explicaciones. Sorprendido ayer por la mañana por las informaciones publicadas por "El Confidencial", Huerta había asegurado inmediatamente que descartaba dimitir, que lo ocurrido se debió "a un cambio de criterio de Hacienda", y que no hubo "mala fe, no oculté nada". Ambas afirmaciones no se sostienen. La primera, sobre el cambio de criterio de Hacienda, es falsa, como aclaraba ayer mismo el presidente de la asociación de Inspectores de Hacienda, José Luis Gobra: "No hay ningún cambio de criterio, lo que se produjo fue un cambio de conducta de los contribuyentes". A partir de 2003, cuando desaparecieron las sociedades transparentes, muchos profesionales con altísimas rentas aprovecharon para crear sociedades interpuestas sin actividad real ni personal alguno, con el único objetivo de derivar hacia ellas los prestaciones económicas sujetas a IRPF. La segunda afirmación, sobre la inexistencia de mala fe, tampoco funciona: los autos son contundentes al aclarar que no se puede "apreciar buena fe en su actuación en orden al cumplimiento de sus obligaciones fiscales, sino que, por el contrario, debe concluirse que su conducta ha ido encaminada a eludir su carga tributaria por el IRPF en los ejercicios inspeccionados". Sí es verdad que el ministro dimitido no cometió un delito -por los pelos, porque el delito fiscal supone la defraudación de 120.000 euros/año, y él no llegó a esas cifras anuales- pero no parece que alguien con ese comportamiento a sus espaldas pueda ser ministro en el Gobierno de la regeneración surgido de una moción de censura contra la corrupción.

Lo más probable es que Sánchez le hubiera obligado a dimitir. O que de hecho lo hiciera ayer, eso no tiene por qué saberse nunca. El hecho es que se fue bastante entero, casi desafiante, en una comparecencia sin respuestas a los medios: "La inocencia no vale nada ante esta jauría", dijo como despedida. Y eso sí es cierto: ya no hay nada que contenga a la jauría política y mediática de la que formamos parte. Ni la inocencia, ni las explicaciones, ni la verdad, ni el derecho a la duda o la presunción de inocencia. Hace tiempo que ocurre. Pero solo parecemos darnos cuenta cuando nos toca o toca a uno de los nuestros.

Adiós, breve Màxim, primer traspiés del sanchismo.

A BABOR FRANCISCO POMARES