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Las 'Herramientas poéticas e inútiles', los 'Afrocanes', 'El Viento', 'Aeróvoros' y las 'Ladies' destacan como las obras más significativas en la producción escultórica de Martín Chirino
Diego F. Hernández, S/C Tfe.
14/mar/19 6:30 AM
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Diego F. Hernández, S/C Tfe.

El escultor Martín Chirino, que fallecía el pasado lunes en Madrid a los 94 años de edad, siempre concibió su obra desde "el equilibrio y la serenidad". El propio artista señalaba, con motivo del discurso de ingreso como académico de honor en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en octubre de 2014, que la obra, en su conjunto, "persigue la simplicidad, carente de adherencias y elementos postizos. Intenta fluir en el espacio creciendo desde dentro. Es orgánica en sus formas. No se desarrolla por aditamentos. Simplemente se muestra así, como es, por necesidad e ímpetu interno. En suma: con un mínumum de materia aspira de un máximum de espacio". Bajo esta premisa, el "herrero, artesano y señor del fuego", según su testimonio, que fue pintor antes que escultor, alimentó su espacio creativo y cimentó las señas de identidad de su legado.

Esa simplicidad en la forma se traduce en una serie de obras, que a razón de los expertos definen su discurso y evolución desde mediados de los años 50 del pasado siglo. La primaria Herramienta poética e inútil, la espiral que se convirtió en El viento, la serie Afrocan, con la que acentuaba las raíces africanas de Canarias, los Aeróvoros, las piezas de gran formato como las Ladies y las denominadas Mi patria es una roca, son representativas de la impronta de Chirino, que conduce a la espiral y el viento. "Todo surgía y se sintetizaba en la espiral y el viento. Los afrocanes que emanan de una espiral, los aeróvoros, que son una espiral que se desarrolla, esculturas en hierro que levitan", explica Orlando Britto, director del Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) acerca de los rasgos definitorios de la producción de Martín Chirino. "Doblega al hierro hasta hacerlo levitar de una manera muy poética", destaca Britto acerca de la impronta creativa del artista ausente. Chirino quiso ser un escultor del hierro, oficio que le llevó a conocer el manejo de la forja. "Adopté este oficio como herramienta, como una prolongación de mi mano, y quise ser continuador de la tradición escultórica más antigua, escultor herrero...", recordaba el escultor en el citado discurso sabiamente tituladoLa fábula del herrero.

La identidad

"Los grandes artistas son capaces de crear su propio lenguaje, y ese lenguaje se convierte en una señal de identidad. Es indiscutible en artistas como Chirino, Millares, Manrique o Juan Hidalgo", reflexiona Orlando Britto. Para el director del CAAM, "como escultor, sus grandes referentes son Julio González y Brancusi, y gran mérito como artista reside en ser capaz, con un elemento iconográfico de carácter local que tiene que ver con la representación del viento, esa síntesis que es la espiral se revela como un instrumento de infinitas posibilidades poéticas, porque su obra es muy poética, son como breves poemas que se desarrollan en el espacio".

Escarbar en la producción de Martín Chirino conduce en un primera escala a la serie Herramienta poética e inútil, fruto del trabajo del artista en una herrería en Cuenca. Estas piezas se presentaban en sociedad en su primera individual en 1958 en el Ateneo de Madrid con el título de Los hierros de Martín Chirino. "Martín Chirino empieza con una obra maravillosa, de la que hay dos en la Fundación, y hay que tener en cuenta que ningún artista se acuesta renancentista y se levanta barroco, siempre hay un solapamiento de cuestiones", explica Ángeles Alemán, profesora de Historia del Arte en la ULPGC, y conocedora de la obra de Chirino, artista que le motivó a realizar una tesina y abundar en el fundamento de su trabajo.

Las dos obras a que se refiere Alemán son las citadas Herramientas poéticas, piezas "de una belleza extraordinaria, de las que hay dos en la Fundación, una de ellas, colgada del techo de la sala, y que está ensamblada no soldada en su conjunto. Esta obra, como La Espiga, son referenciales", destaca Ángeles Alemán.

Esta producción "fruto de su de su primer contacto de la fragua", como destaca Orlando Britto, se destaca como pieza singular en su catálogo. Una aseveración que también comparte el poeta, ensayista y director de comunicación de la Fundación Martín Chirino. Destaca Puentes tres momentos significativos en Chirino y su obra: además de las Herramientas inútiles, los Afrocanes, en los que el escultor se contagia del "arte africano que hay en París, es un momento perfecto en su carrera", y que aprovecha para direccionar su obra; y los homenajes a Marinetti, "un homenaje a la velocidad, el minimalismo elevado a la máxima potencia, poner el hierro en movimiento, que es un retorno a los orígenes".

Señala el escritor que "lo fundamental en el discurso de Chirino es su capacidad de resolver la contradicción; él dice que sin contradicción no existe el arte, y es entonces cuando busca entre verticalidad y horizontalidad, entre reposo y movimiento, una contradicción que lo lleva a lo local y lo universal, y no es un viaje con principio y fin, sino como una puerta giratoria".

Con el escultor Julio González como referente - "me impactó con violencia y me enfrentó a la tradición española del hierro forjado", aseguraba Martín Chirino acerca de sus influencias- y sin dejar atrás la estética de Los hierros de Martín Chirino "empieza a trabajar El viento de Balos, que son los petroglifos, y esto está dentro del concepto del informalismo matérico español, que a su vez estaba entroncado con el informalismo europeo y los abstractos americanos, que era la búsqueda de las raíces", explica Ángeles Alemán, "Había pasado la II Guerra Mundial, el ser humano había sido borrado de la obra de arte, por lo tanto todo era abstracto, y una serie de circunstancias conducen a Martín Chirino a descubrir esa espiral maravillosa y mágica que va a transformar en El viento de Balos, que es su primera escultura del viento". La pieza pasaría a llamarse El Viento.

Relata la historiadora del arte y docente que "en paralelo sigue investigando y haciendo otras piezas, y hacia los mediados de los 60 inicia la serie de los paisajes, landscapes, que son la expresión horizontal de las espirales del viento". Es en este contexto cuando Chirino construye obras significativas en su fragua, que son "las máscaras de Afrocan, que descubre en la Galería Juana Mordo, en Madrid, hacia 1976, espacio donde años antes presentaba otras de sus creaciones notoria: Mediterránea, un concepto que desarrollará al tiempo con las Ladies, entre ellas la Lady Harimaguada.

Las máscaras de Afrocán son clave en la obra de Chirino. Según Ángeles Alemán, "esa máscara del hombre África-Canarias es fundamental porque es la primera que se hace reivindicando la africanidad de Canarias, es el primero que lo reivindica".

El Aérovoro es anterior pero igual de importante en el desarrollo del concepto del viento en Martín Chirino. "El nombre significa los devoradores del aire, fue un nombre que le puso Maud Westherdal, y la evolución de los aeróvoros comienza mucho antes, con los paisajes: la espiral se abre, se aplana o se convierte en paisaje, o se abre, vuela y se convierte en aeróvoro", explica la profesora y crítica de arte.

Las cabezas

Las caras del hombre y la espiral derivan en los Afrocanes y Las Crónicas del siglo XX. "Las cabezas tienen su máximo esplendor con las dos que realiza en los años 90, que son la de CajaCanarias, en Santa Cruz de Tenerife, y la que tenemos en la ULPGC, El Pensador, pero no es la escultura emblemática", subraya Alemán. Las Ladies, piezas de gran formato, son "la proyección a gran escala de una obra que ha estaba hecha, y que demuestra que la gran mayoría de su obra se puede llevar a gran escala", apunta Orlando Britto.

La Lady Harimaguada, que preside la Avenida Marítima, y que se empareja con la Lady Mediterránea, "una Lady abierta en color naranja, que se instaló en el hotel Oasis -según Alemán-, tiene un antecedente que es Yellow Taxi Cab, que es una escultura pintada al duco en amarillo, homenaje a la ciudad de Nueva York".

Destacar igualmente en el conunto de la obra y a juicio de Ángeles Alemán, la serie Mi patria es una roca, "donde la espiral se convierte en una semiesfera"; o Gigantes que no molinos, "homenaje a El Quijote, con una espiral que sobrevuela el espacio".