Cultura y Espectáculos

Mørk y la modernidad de los rusos

El violoncelista noruego encandiló con su interpretación de la "desconcertante" sinfonía de Serguéi Prokófiev, mientras la Orquesta Sinfónica de Tenerife se convertía en un universo multicolor con las danzas de Rajmáninov.
S. Lojendio
3/nov/18 6:19 AM
Edición impresa
Mørk y la modernidad de los rusos

L a audición que ofreció anoche la Orquesta Sinfónica de Tenerife (OST) reivindicó la enorme modernidad de los compositores rusos Prokófiev y Rajmáninov, además de regalar, a puñados, el talento del violonchelista Truls Mørk y, de igual manera, mostrar todo el universo multicolor que encierra la formación que dirige el maestro Antonio Méndez.

El concierto se abría de una manera mayúscula, a los compases de la "Sinfonía concertante para violonchelo en Mi menor", obra de Serguéi Prokófiev, acaso una pieza "desconcertante" para el público por la atípica estructura de sus movimientos, con un discurso musical que, en ocasiones resulta abrumador y, en otras, ciertamente indefinido, sin temas protagonistas, al punto que pareciera manifestar hasta un tono ciertamente burlesco.

El solista encandiló y no solo por sus evidentes virtudes técnicas, que puso de relieve con un poderoso sonido, la precisión en la digitación, su habilidad en los saltos y las dobles paradas, el lirismo que alcanzaba en los armónicos o la amplitud de su coloración.

De fondo, en Truls Mørk late un delicado refinamiento que es capaz de cumplir las exigencias que precisan las melodías, los ritmos vertiginosos y los timbres, arrancando las cualidades baritonales de esa enorme humanidad sonora que desprende el celo.

Obligado por el público a saludar, el maestro noruego dejaba como propina la "Sarabanda suite nº 2", de J.S. Bach, unos acordes que quedaron flotando en la Sala Sinfónica, alumbrados por "El Señor", porque un instrumento con casi tres siglos de historia también merece tener nombre propio.

Tras el descanso, el primer compás del postrero testamento musical de Rajmaninov, las "Danzas sinfónicas, op. 45", lo retuvo un impertinente teléfono móvil.

El universo multicolor de esta pieza logra conmover desde una primera danza que evoca, con el viento madera y las cuerdas, la nostalgia y la languidez, y que tan pronto se suelta en la segunda danza con un comedido tempo de vals, restos de una decadente aristocracia, para clamar en la tercera con un "Dies Irae" que parece un anuncio del Juicio Final.

Lo cierto es que el sonido de la orquesta cada vez envuelve más y crece, como también lo hacen el público y los aplausos.