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Una exposición muestra a una Nahui Olin transgresora más allá de su rol como musa

Isabel Reviejo, México, EFE
14/jun/18 11:57 AM
eldia.es
"Nahui y Agacino frente a la isla de Manhatan"./Sashenka Gutierrez (EFE)

Artista singular, icono de su tiempo y apasionada por la ciencia. Una exposición dedicada a la mexicana Nahui Olin rompe con la imagen que la limita como musa y exhibe su discurso transgresor, que clamó por la "liberación femenina".

El Museo Nacional de Arte (Munal) de Ciudad de México inaugura el próximo viernes la muestra "Nahui Olin. La mirada infinita", dedicada a la pintora y poetisa (1894-1978), que recopila unas 250 obras, entre retratos, dibujos, textos, caricaturas y fotografías.

"Ha sido una gran labor de investigación recuperar su trabajo", afirma la comisaria Mariana Rubio.

Agrega que se ha investigado tanto en el periodo en que convivió con el artista plástico Gerardo Murillo, conocido como el "Doctor Atl", como en el que se independiza y se va a vivir sola, momento en que "empieza a buscar un estilo propio y más individual".

La exposición, que permanecerá abierta hasta el 9 de septiembre, comienza con una sección que ahonda en los inicios de Nahui Olin -cuyo nombre real era Carmen Mondragón- en el arte plástico.

De esa etapa, se exponen las dos únicas pinturas que se conservan de su paso por San Sebastián, donde se interesó por las vanguardias de principios del siglo XX.

Aunque tuvo contacto con los modernistas, "decidió estar al margen de grupos", explica en un recorrido con medios el comisario Tomás Zurián.

También están incluidos en este núcleo temático sus caricaturas, las cuales comenzó a desarrollar desde niña y demostraban su habilidad para "sintetizar los aspectos del carácter de una persona y capturar su espíritu" con unos cuantos trazos.

De ahí se pasa a una segunda sección en la que se percibe el enorme interés de Nahui Olin por la ciencia, al igual que muchos otros artistas de la época que quisieron representar en sus trabajos aquellos conceptos que empezaban a penetrar en el pensamiento colectivo, como "energía" o "éter".

En otro apartado de la exposición hay fotografías en las que Nahui Olin aparece como modelo, siguiendo los versos de su poema "Nahui est une petite".

Entre estas imágenes están las de sesiones que le realizó Edward Weston, enfocadas en su rostro.

Algunas de las imágenes de la primera sesión mostraban a la artista con una mirada desafiante, mientras que en otras se percibía un aire melancólico y en cierta forma vulnerable.

Cuando vio expuesto el resultado, Nahui Olin se molestó y por ello el fotógrafo le tuvo que dedicar una segunda sesión, relata Rubio.

La curadora hace hincapié en que la actitud de la artista, cuando ejercía como modelo, no era pasiva.

Si bien inicialmente posaba bajo la dirección del fotógrafo, "porque había casi un catálogo de poses", después "ella empieza a identificar cuáles son los ángulos, cómo quiere aparecer", para participar en el proceso creativo.

Esta idea estuvo reforzada por las reflexiones de la época de que la fotografía no debía únicamente imitar a la pintura, sino aportar más y "capturar la esencia de la persona", asegura Rubio.

La muestra también recopila los desnudos de Nahui Olin tomados por Antonio Garduño -de las primeras fotografías de este tipo en México- y las imágenes que Matías Santoyo le hizo en su viaje a Hollywood.

La última parte de la exposición resulta fundamental para entender el proceso de creación de su obra plástica, que estaba muy vinculado con sus recuerdos.

Aquí están presentes obras como "Autorretrato como colegiala en París", en la que está en la capital francesa con un fondo en el que aparecen recuerdos de su infancia, o el retrato de su madre, Mercedes Valseca Santoscoy.

También aquellas pinturas en las que hizo algo considerado excepcional para su tiempo: dibujarse a sí misma desnuda y, además, acompañada por sus amantes.

Según Rubio, en sus creaciones se ve el "ímpetu que ella tenía por la liberación femenina", que no "feminista", ya que no hay pruebas confirmadas que la vinculen con este movimiento.

La artista tuvo una necesidad de expresarse a través de su cuerpo, del que dijo en un poema que era un "conjunto de líneas que se ondulan y tienen tonos rosas y verdes".

Esta línea, según la curadora, demuestra lo consciente que era del poder de su cuerpo, así como del de sus ojos verdes "que siempre estaban presentes, con esa mirada tan intensa".