Santa Cruz de Tenerife

"Esta novela es quizás la que más va por libre de toda mi producción"

"Isla de Lobos" es el título del último libro del escritor José Vicente Pascual, que obtuvo el Premio Valencia Alfons el Magnánim y fue presentado recientemente en Tenerife, donde reside.
Raúl Gorroño, S/C de Tenerife
22/ene/17 0:57 AM
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El galardonado y prolífico escritor madrileño José Vicente Ferrer (Alcalá de Henares, 1956) ha recibido el Premio Valencia Alfons el Magnánim por su última novela, "Isla de Lobos", un espacio trastocado situado en Canarias en el que se desarrolla una historia ficticia llena de fantasía y de reflexiones filosóficas.

Este libro, que fue presentado recientemente en la capital tinerfeña, donde reside el novelista desde hace varios años, narra el acontecer de un náufrago, Manuel, que es hallado en la costa de este islote elegido por el autor para desentrañar algunas de las preocupaciones que le intrigan como ser humano sobre su condición en este mundo de contrariedades.

"Esta novela, de todas las que recuerdo, es quizás la que más va por libre de toda mi producción, porque la he escrito desde una perspectiva, desde una intención, que no había tenido antes ninguna novela mía. Es una intención un tanto existencial y filosófica, una forma de plantearme y desarrollar algunos aspectos de orden filosófico que a mí me perturban, me interesan y me inquietan".

Pertenecer a este mundo y la razón de habitarlo son algunos aspectos de la realidad que plantea Ferrer a través de la literatura, asuntos existenciales que desarrolla en un relato atractivo por su gran originalidad y la utilización de unos personajes muy cercanos.

"Estos temas los desarrollo desde una historia muy atractiva, utilizando un estilo próximo, muy cercano al lector. Una narrativa acogedora, amable, que sea cálida con él, que se le hable con cercanía y la suficiente distancia a estos temas tan hondos. Llegar al lector con llaneza, con sentido del humor y una prosa lo más cuidada posible, con algo de ingenuo", matizó este consagrado prosista en cuyo pecho literario cuelgan medallas como el Premio Azorín (1989) y Café de Gijón (1993).

Otro aspecto muy importante de la obra de este reconocido creador de realidades es la humanidad que encierran los personajes que la habitan y desarrollan su vida en un lugar inhóspito y solitario del que no se puede salir por una maldición que impera en este mágico territorio desde hace siglos.

"Son personajes muy próximos, muy cercanos al lector. Casi son estereotipos que se comportan de una manera ágil, con cierto donaire, como bailarines en un escenario. Al final es esa conjunción de intentar abordar unos temas profundos pero a través de una historia muy asequible, sencillísima".

Cuando el autor comenzó a maquinar este argumento, que se desarrolla en una época atemporal, barajó dos posibles enclaves, la Isla de Lobos y la de San Borondón. Al final eligió la primera porque le pareció más literaria, aunque también ocupó su mente otro título que desechó, "El año del náufrago".

La trama se centra en un náufrago que llega a una pequeña isla, un mito clásico de la literatura universal. Pero en esta ocasión se trata de una persona que ha perdido la memoria y debe conformar de nuevo su personalidad, preguntarse quién es, por qué ha arribado a la Isla de Lobos, a la que se llega pero de la que nunca se sale, su sentido de estar allí. Todos esos aspectos determinan el argumento de este relato dominado por la intriga y el misterio.

"En realidad es una metáfora sobre nuestra propia realidad. Llegamos a este mundo, no sabemos de dónde venimos, aunque algo haríamos antes de venir. Luego somos niños, nace la conciencia y empezamos a preguntarnos cosas. Estamos abocados a ese bucle de la eternidad".

La vida cotidiana en la Isla de Lobos, en la que ostenta el poder Aguas Santas Rivero, ministra única de la sociedad que habita en esta Ítaca canaria, oscila entre el aburrimiento y lo transcendente, y el tiempo se mide por el año que llovió arena, o el que crujió el volcán cuatro veces, o el del náufrago.

También residen en el lugar Sanperros, un santero que encarna la sabiduría popular, el geógrafo Don Sebastián, que representa el conocimiento científico, un sacerdote presbítero, Albabella, una sirénida y un farero que cuenta las olas, entre otros seres que evocan la sociedad del lugar.

Manuel Torga, que representa la pureza al perder la memoria, es el personaje central sobre el que gravita esta realidad fantástica planteada en "Isla de Lobos" por José Vicente Pascual, quien considera que "con la memoria lastramos cantidad de experiencias que nos condicionan la vida".

El humor y la ironía también son herramientas que se utilizan para hacer más digerible la trama de esta original invención literaria. "La ironía no es que sea un efecto buscado, pero resulta inevitable que en un lugar tan pintoresco, fuera de la lógica del mundo y con unas reglas tan propias surjan situaciones de corte humorístico, aunque a veces se fuerza la situación, como cuando bautizan al náufrago porque no podía haber herejes en la Isla".

Pascual reiteró su idea de que "esta es la novela en la que más he cargado la tinta en el aspecto fantástico, en la que más se subraya la ficción, aunque las relaciones humanas son racionales, objetivas y previsibles".

José Vicente Pascual

escritor y periodista autor de "isla de lobos"