Estamos ante el partido del año, una situación que, bien mirada, es igual cada semana. El Tenerife va a Jerez con una extraña sensación. Todos creen que ganará, pero casi nadie ha reparado en analizar el grado de dificultad que tiene el encuentro, más allá de la  engañosa sensación que se desprende de la posición clasificatoria del rival. Son colistas, pero ellos no regalarán el triunfo, antes al contrario, lo van a dificultar tanto como ya hicieron hace muy poco ante el Mallorca, al que ganaron 2-1, o frente al Espanyol (1-1), que no consigueron ganar en Chapín.

Como quiera que creo en las dinámicas, me parece que el Tenerife ha cogido la suya y va a sacar adelante el partido de mañana, a trancas y barrancas. Sería el segundo paso de una reacción en la que siempre he confiado, a pesar de encajar con sorpresa el hecho de que mi optimismo llegó incluso a molestar. El problema es que cuesta más de lo aconsejable conseguir que el entorno blanquiazul procese adecuadamente las situaciones. No hubo el más mínimo análisis de las bondades del calendario del Tenerife en esta recta final de la competición y le dieron por descendido. Ahora estamos ante la situación contraria. Si se gana mañana en Jerez, es un problema meterle en la cabeza a la gente que el partido contra el Villarreal es dificilísimo. Somos así.

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