Sin Ayoze es otra cosa

_MSM Ayoze4Cuando un equipo da un bandazo tan brusco como el del Tenerife ante el Sabadell, es difícil acertar con la razones que lo motivaron.  He oído muchas posibles causas: descompresión mental después del éxtasis ante la UD Las Palmas, bajada de tensión, falta de intensidad provocada por un supuesta pérdida de humildad… No apuesto por ninguna de ellas, luego no estoy nada preocupado, porque entiendo que fue, simplemente, un problema futbolístico. Si acaso, la menor intensidad mostrada es una causa del fallo en algún mecanismo colectivo que fue el causante de la desconexión del equipo, que, efectivamente, estuvo muy largo, se desajustó, perdió el control a partir de su incapacidad para apretar en la zona donde suele hacerlo y llegó siempre tarde a todas las acciones en las que otras veces roba el balón. Toda esta serie de imperfecciones son como un efecto dominó. El problema siempre es solo uno y desencadena todos los demás. A veces, cuando un equipo defiende mal es porque no ha atacado bien. Creo que la verdadera razón por la que el Tenerife jugó tan mal o estuvo tan desconocido en ese último partido del año tiene su origen en la ausencia de Ayoze Pérez.

La calidad de Ayoze ha ido invitando al Tenerife a jugar de determinada forma. Su presencia cerca del área rival es, además de una seria amenaza que limita a los centrales del equipo contrario, una guía para acabar los ataques propios.  Por si fuera poca influencia positiva sus grandes virtudes, la presencia del canterano ha rodado un poco hacia tres cuartos de campo a Aridane, y con ello el Tenerife se ha hecho fuerte en esa zona. Entre los dos atraen atenciones y empujan a la defensa rival hacia detrás. Eso le permite al equipo acabar sus ataques, sin riesgo de que el contrario le corte el balón y lo pueda sorprender muy abierto. El Tenerife no es un equipo de ataque constante, pero tiene muy mecanizados sus movimientos. Se junta muy bien en el medio, permite a la defensa propia que reduzca el campo y achique mucho el espacio, y luego conecta con Ayoze cuando lo ve claro, por arriba a través de Aridane o por abajo. En esa dinámica, casi nunca se deja robar el balón y así evita descolocarse. Sin Ayoze, el equipo tuvo que elaborarlo todo paso a paso, toque a toque, metro a metro, porque arriba, en la punta, no tenía un futbolista de hacer la última jugada, como Ayoze; arriba esta vez solo había un rematador esperando que le pusieran el balón para empujarlo. Atacar fue una tarea más arriesgada  y con ella le dio más referencias al rival, que salió en superioridad y superó fácilmente a un centro del campo que muchas veces no tuvo tiempo de juntarse para proteger a su defensa. Un jugador no hace un equipo, pero cuando es tan especial como Ayoze, lo puede condicionar hasta ese punto. En Murcia veremos al Tenerife de antes del nefasto día del Sabadell.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *