No es un problema de entrenador

El Tenerife tiene detectado el problema, pero no está en disposición de arreglarlo. Está atrapado. Aquellos que lo reconocen y quienes no lo hacen, son conscientes de que el equipo se quedó corto para competir en Segunda División. Es comprensible que haya personas con cargos relevantes en el organigrama del club que eludan señalar las deficiencias de esta plantilla, pero creo que todos las conocen. El Tenerife no es un equipo sospechoso de falta de actitud, ni de unidad, ni de ilusión, ni de entrega; simplemente, con todo eso no le alcanza. En el campo no lo parece, porque la escenificación de sus defectos no es grosera ni continua, sino esporádica, muy de momentos concretos, repartida entre los actores hasta tal punto que no parece una mala divisa del equipo como tal, pero esos errores ocasionales, son la tumba de un equipo profesional en una Liga en la que los rivales perdonan poco. Podemos repasar la historia empezando por el área propia: en Alcorcón, el penalti nace de la pérdida de balón de Chechu, que estaba de lateral porque Llorente se equivocó antes y lo expulsaron; en Miranda de Ebro, la mala decisión de un defensa que se desenganchó de la línea y anuló el fuera de juego de Mújica en el primer gol; contra el Lugo, la expulsión de Aitor Sanz, que fue loco a una acción de balance defensivo y confundió al árbitro; en Huelva, la sucesión de fallos defensivos en los dos goles; contra el Mallorca, el desacierto de Llorente y Sergio en el tanto de Gerard Moreno, además del error de Moyano que provocó su expulsión…

Y en el área contraria, mejor no recordar la larga ristra de jugadas de mano a mano con el portero que se han ido al limbo, no siempre (casi nunca) por mala suerte. A este equipo le faltan tres futbolistas grandes en su columna de seguridad, tres grandes referentes que le den liderazgo a un grupo muy tierno y que arropen a todos los chicos que vienen de Segunda B y que están soportando sobre sus espaldas el peso de una categoría muy selectiva.  Pero a estas alturas de temporada, con el presupuesto de gastos cubierto y con ¡10 partidos! por delante antes de que se reabra el mercado, no hay una solución que llegue a través de la toma de decisiones. Solo se puede insistir, trabajar con más afán si cabe para que se minimicen los fallos individuales a través de ser más contundentes en todas las acciones defensivas, de manera que la falta de gol, que es un lastre evidente, desemboque en  empates en partidos como el del Mallorca y no en derrotas evitables. El equipo debe ser más austero y valorar cada  punto como si fuera una victoria. No me gustaría ni oír hablar del cambio de entrenador. Sería una irresponsabilidad. O una frivolidad orientada a desviar la atención (y acallar la corriente que se ha generado en la grada Popular). Pocas veces he tenido tan claro que no es un problema de entrenador. Álvaro Cervera tiene conquistada la voluntad del grupo, ha hecho su diagnóstico de la situación (sabe que no tiene equipo para salvarse en condiciones normales) y está aplicando variantes al juego en busca de simplificar el camino hacia el gol, pero no puede suplantar la calidad de sus jugadores. Echarle sería un brindis al sol. Un disparate más en la larga lista de errores estratégicos de la última década.

2 thoughts on “No es un problema de entrenador”

  1. Un cometario acertado en tiempo ( como siempre) Las precipitaciones para este caso pueden traer consecuencias peores lo importante es que lo que tomen decisiones sepan acertar por de pronto les aconsejo que repasen esta crónica
    un saludo Ventura

  2. Estoy con el comentario anterior.El entrenador ni tocarlo,trabaja con lo que tiene,hay que apollar al equipo,en general.

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