Oltra está quemado con los que jugaron en Vigo, porque no añadieron una actitud correcta a su condición de jugadores de Primera para marcar diferencias con el Celta. Es verdad. En realidad, el Tenerife corrió el riesgo de salir de Balaídos con la eliminatoria perdida. No hubo ánimo de pelear el partido, pero tampoco cohesión, ritmo, atrevimiento ni precisión. Fue la versión del Tenerife de hace dos o tres años, aquel triste equipo que se pasó casi un año sin ganar fuera.

Es bueno que el “míster” tire de las riendas en estas situaciones, porque ya sabemos por aquí como acaban los entrenadores que se arriman a la plantilla para justificar los días de huelga de celo, pero él mismo sabe que este tipo de situaciones son inevitables. Las provoca el estatus. Es imposible meterle en vena a los jugadores que mantengan en Vigo, ante el Celta y con el partido de vuelta por medio, la misma actitud que cualquera de ellos tendría si ese encuentro se juega en el Bernabéu o en casa en un partido de Liga. Hay que admitirlo, aunque moleste, pero el futbolista responde a estímulos reales, las charlas le entran por un oído y le salen por el otro. Un jugador de Primera no puede convertir un partido frío, de miércoles y ante un Segunda, en un reto que le motive.

Para los no habituales este tipo de oportunidades están envenenadas. No es lo mismo entrar en el once titular y aprovecharte del funcionamiento colectivo para sacar lo mejor de ti mismo, como hizo Omar el domingo ante el Xerez, por ejemplo, que gozar de los minutos que tanto deseas rodeado de otros suplentes…  Ganarse el puesto en una alineación de jugadores con poco ritmo y menos soltura colectiva es una tarea muy compleja.

No los disculpo, pero los entiendo. A los de Vigo sí, a los de Alcorcón, NO.

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