La causa común y otros casos

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Aunque de puntillas, ya se puede empezar a mirar a lo largo y ver lo que queda de temporada. Hemos rebasado el segundo tercio de competición y enfilamos la fase decisiva, en la que los equipos empezarán a hacer cuentas. El Tenerife tiene claro su camino. Con 34 puntos y siete partidos todavía por jugar en el Heliodoro, de su solidez como local dependerá a qué alturas de temporada dejará atrás el riesgo de descenso. Los técnicos del equipo tienen la seguridad de que los 50 puntos serán suficientes para meter a cuatro rivales por debajo al final de la campaña. La igualdad que existe ahora (los cuatro últimos tienen la misma puntuación) tenderá, entonces, a resquebrajarse, porque los puntos estarán menos repartidos cuando la Liga entre en las ocho últimas fechas. Con esta previsión en la mano, al Tenerife le hace falta el equivalente a cinco victorias y un empate. 34+16=50. En casa tiene que medirse a equipos asequibles como Alavés, Ponferradina, Numancia, Girona, Córdoba o Murcia, además del Recreativo. Con cinco triunfos y un empate las cuentas salen, sin perjuicio de que este equipo, que ha ganado en campos como Ponferrada, Murcia o Alicante (Hércules), pueda sumar un par de victorias más en  algunas de sus nueve salidas. Una vez alcance la primera meta habrá tiempo de alargar la mirada.

El análisis de situación del equipo de Cervera es muy bueno, invita al optimismo en el bien entendido de que la meta es simplemente la permanencia. A estas alturas del camino no es mala cosa echar la vista atrás y recordar la frustración que produjo el comienzo de temporada, con más de un mes sin conocer la victoria y el reconocimiento de un problema que provocó la preocupación enfática por la falta de gol. No obstante esto, que es lo esencial y sin embargo parece menos valorado de lo que debería serlo, hay otros problemas en la actualidad del Tenerife que requieren una solución lo más rápida posible. Son de carácter individual, pero pueden propagar sus consecuencias al colectivo. El futuro de Ayoze Pérez, que obviamente parece lejos de este equipo, es un caso que debería quedar cerrado hasta que se consoliden los objetivos del equipo. El presidente y su representante ya han hablado y saben cuál va a ser la orientación del caso al final de temporada, pero la afición no, y empieza a desconfiar haciendo composiciones de lugar que parecen cargadas por el diablo. Al futbolista no se le ve liberado de la presión que ejerce la duda que se ha generado en el entorno y, aunque lo deja todo en el campo, ya no parece estar disfrutando como al principio. Cuatro meses más así son inaguantables.  Alguien, a estas alturas del culebrón debería empezar a pensar un poco en el protagonista. Hay once jugadores que defienden ahora al Tenerife y que acaban contrato en junio, pero solo otros dos son casos mediáticos, los de Bruno y Suso y, a la vista del rendimiento de ambos, sus asuntos llevan una línea paralela con respecto  los intereses del equipo. Siguen rindiendo bien y el público no duda de ellos. No se puede dejar el caso Ayoze colgado de las especulaciones hasta junio. Es mala decisión para todos.

 

 

 

 

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