El reto de Etxeberria

Etxeberria se encuentra este martes en El Mundialito una plantilla compuesta por 23 profesionales, y poco más. En su punto de partida como entrenador del Tenerife hay dos obstáculos que él ha accedido a saltarse para venir: la situación del equipo en la tabla, 14º (30 puntos), y la composición de un plantel hecho al gusto de otro. A su favor, en el bien entendido de que su presencia en el club estará revestida de una capa de optimismo propio del debutante, está el hecho real de que quedan 17 partidos por disputar, o sea, 51 puntos por jugar y hay tiempo para todo. El reto es también doble y concatenado: tiene que restar 11 puntos con el sexto puesto y, al mismo tiempo que lo va haciendo, construir un equipo con esa plantilla de la que todos sus nuevos colegas en los banquillos de la categoría hablan maravillas. No logrará el objetivo (llegar al playoff) sin cuajar la obra (hacer jugar bien al equipo). Una cosa nace de la otra.

No sabemos cómo va a proponer jugar, porque está en esa franja de grises propia de los entrenadores que deben sacrificar su idea básica para ajustarse a los jugadores que toma como herencia. En ese sentido este Tenerife es heterogeneo. Tiene el tronco de tipo defensivo y la cabeza de jugones y goleadores. Es difícil encauzar un estilo concreto en un equipo cuya base defensiva de siete jugadores se formó para jugar de una manera hace tres años (con Cervera) y al que se han ido añadiendo lujos atacantes en una búsqueda de poderío un poco aleatoria. Recitada desde su propio portero, se pueden hacer infinidad de alineaciones en este equipo y casi ninguna es muy de un solo estilo. Unir los dos bloques y hacerlos funcionar fue la asignatura que Martí no supo aprobar. Etxeberria empieza de cero, pero con mucho menos tiempo y tomando la salida desde mucho más lejos del objetivo. Todo un reto, sí señor.

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