Édgar y Bruno como demostración

_MSM Cel 5Gol EdgarHay que aprovechar el éxito actual  del primer equipo del Tenerife, con una media de 8 chicos de la tierra en las alineaciones,  para potenciar la filosofía de cantera de aquí en adelante. La obra de Cervera es una invitación a pensar, a analizar con detenimiento y en profundidad la capacidad real que tiene el jugador tinerfeño y su condición de futbolista competitivo cuando lo hacen formar parte de un equipo en el que se sienta importante. La gente de mi época ha sentido como propio el complejo de inferioridad de la cantera del Tenerife frente, sin ir más lejos, a la de Las Palmas. Llegamos a creer, en el colmo de la frustración, que la verdadera diferencia era química, genética, o sea, irreversible. Que los chicos que nacían en este lado del Archipiélago eran más combativos y menos talentosos. Hicimos una teoría de esa divisa, disparatada, por cierto. Pero no había a mano otra manera de justificar por qué no salían aquí jugadores como Guayre, Rubén Castro, Valerón y compañía, futbolistas de desequilibrio, patentes de la clase que siempre tuvo el jugador canario. La idea caló tanto que a los chicos de la base de esta Isla se les abrió una distancia insalvable con la posibilidad de subir al primer equipo.

Álvaro ha puesto los hechos por delante de la teoría. Ahí están los casos de Bruno, Ayoze Pérez o Édgar, por poner solo algunos ejemplos. Me quedo con dos de estos tres nombres (lo de Ayoze es de cuna). Bruno y Édgar, que no llegaron a coincidir en la base por escaso margen de tiempo. Bruno llevaba camino de repetir el guión de otros cientos de futbolistas. Tiene las condiciones, pero solo ha podido interiorizar su capacidad para estar al más alto nivel a base de continuidad y confianza. Cervera lo puso y lo mantuvo, lo corrigió y administró su crecimiento competitivo haciendo una demostración clara de confianza. Bruno es ahora un central resuelto, juega tranquilo, sabe que va a responder, no le tiene miedo al desafío ni a la exigencia de un entorno que pesa lo suyo. El nombre de Édgar aparece ahora rotulado en la prensa por el golazo que marcó el domingo, pero en el Tenerife, de puertas adentro, saben bien quién es Édgar. Un talento precoz, delantero centro de zancada, rápido, potente, muy fuerte físicamente, gran definidor -promediaba 50 goles por temporada en la base-, pero  un jugador condenado a hacerse a sí mismo, porque en un momento dado le retiraron la confianza. Se fue siendo un niño, porque no tenía método de transporte para ir a los entrenamientos, quiso volver y fue rechazado… La repesca no ha podido ser más oportuna. Édgar ha encontrado en Cervera el brazo amigo que le faltaba para empujarle a atreverse. Su formación en la Península lo han endurecido para luchar por un puesto y eso es terreno ganado en el proceso de consolidación de un futbolista. Con confianza, sabiendo que juega con red, Édgar va a sacar todo lo que lleva dentro desde que metía los goles por docenas en el campo de María Jiménez.

La materia prima siempre ha estado aquí, pero ahora hay un entrenador que la transforma en rendimiento. Es una lección para apostar por la cantera de ahora en adelante. Y apostar es jugársela.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *