Santa Cruz de Tenerife
WLADIMIRO RODRÍGUEZ BRITO

El dinero no se come

18/ene/09 7:26 AM
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Estamos en una época en que todos los días los medios nos hablan de la bolsa de las cotizaciones del petróleo, del coste de la vida y apenas le dedican unas líneas al medio rural. Incluso la preocupación está en que llueva o caiga nieve, no en el papel positivo para la naturaleza y para la economía que tienen las lluvias y las nevadas. Hemos visto cómo han caído los precios del petróleo con repercusión en las gasolineras y, sin embargo, los fertilizantes, que doblaron el precio el año pasado, continúan sin alteración.

La agricultura industrial ha transformado tanto la producción de alimentos como nuestro modelo alimentario dependiente de los combustibles fósiles, perdiendo un patrimonio cultural arraigado al medio como es la agricultura como cultura, con gran implantación en las comunidades rurales. Además, se producen mermas de la relación hombre-medio, alejándonos de la salud ecológica de nuestro paisaje porque la alimentación no la hemos asociado a la tierra, al medio en el que pisamos, de tal modo que si tenemos dinero, supuestamente tendremos comida.

Lo que está aflorando en esta crisis no sólo tiene que ver con el petróleo, tema muy importante; emerge también que el modelo agota suelos y que la producción de alimentos es altamente dependiente de los combustibles fósiles, y en consecuencia, la supuesta abundancia de alimentos es espejismo. Es decir, no sólo transportamos los alimentos con petróleo sino que también los mantenemos en frío o abonamos la tierra con fertilizantes que obtenemos en la industria gracias al oro negro. Por ello, el petróleo no lo hemos de asociar solamente al combustible para la máquinas.

Hemos de hablar de la agricultura y la ganadería de alimentos frescos y puestos de trabajo. Valga como ejemplo que en el año 2008 hemos importado 35 kilos de papas por cada canario y de haberlas cultivado aquí, al menos tendríamos limpios de maleza 20 m2 por cada habitante, sólo en suelo para papas. Unido a ello habríamos creado condiciones que potencien la ganadería, limpieza de maleza que eviten los incendios forestales y algo más de 3.000 puestos de trabajo. Ni que decir tiene que si cada botella de vino son 4 ó 6 metros cultivados la potenciación de agricultura y ganadería es evidente, haciéndonos menos dependientes del exterior y más sostenibles, asociando alimentación medio ambiente y cultura.

La actual situación tiene que ser una oportunidad para la puesta en valor del suelo y de las personas con una nueva filosofía agroambiental.

En un recorrido por nuestros campos se produce cierta mejora limpiando huertas "balutas" que habían recolonizado la flora natural. Sin embargo, la incorporación de jóvenes es muy lenta; continúan siendo mayoría en el medio rural los pensionistas y resulta curioso cómo oímos hablar del dinero como solución. Incluso se dan casos de volver al dinero guardado en el colchón como tema de seguridad y de futuro, o incluso, enterrar el dinero para prevenir épocas de vacas flacas, cuando dinero sin comida es como los náufragos que mueren de sed en medio del mar. Así, una apuesta por el futuro pasa, entre otras cosas, por mejorar la autoalimentación.

Estamos con tiempo para plantear una política agraria ganadera que potencie, por un lado, todos los recursos de los que disponemos, y por otro, que vele por el autoabastecimiento ante coyunturas adversas. Los hechos de los últimos años ponen de manifiesto que la época de excedentes alimenticios es historia; la agricultura industrial cargada de fertilizantes y pesticidas ha alcanzado techo y tanto la Revolución Verde como las alteraciones genéticas en plantas y animales están manifestando su agotamiento antes de lo esperado.

Lo ocurrido en la Aldea de San Nicolás con los tomates es un ejemplo de lo que no debemos hacer con la agricultura. El abuso del monocultivo con variedades dependientes de tratamientos químicos ha creado la ruina para los agricultores.

Necesitamos una política agraria basada en principios ecológicos, con especial atención a la salud de las personas, el suelo y las plantas en las que hemos de cuidar también las comunidades rurales con unas nuevas relaciones del hombre con su entorno. El autoabastecimiento no es una meta fácil, pero debemos hacer lo posible por incorporar a los jóvenes al agro, máxime con los niveles de desempleo que sufren las Islas, y armonizar conocimientos científicos con "el saber" de agricultores y ganaderos porque es apostar por el futuro. De lo contrario, puede darse la paradoja de disponer de dinero y no tener alimentos. Y los billetes y monedas, desgraciada o afortunadamente, no se comen.