Santa Cruz de Tenerife
YOLANDA HERNÁNDEZ EXPÓSITO *

Cuando el paisaje se pierde, algo se muere en el alma

26/mar/08 19:44 PM
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EL PAISAJE de las Islas Canarias es el sumando histórico de dos factores: naturaleza volcánica en un medio atlántico, que las ha dotado de un excepcional y variopinto número de paisajes, y de otro lado, la condición humana de aprovechamiento y adaptación a este territorio, labrando y transformando, últimamente con poco acierto, estos emblemáticos medios insulares.

En las Islas la benevolencia del clima permitió el desarrollo de una agricultura extensiva y diversificada que fue plagando el territorio de bancales, nateros, veredas, muros de piedra, atajeas, eras, molinos, lavaderos, caseríos, etc., construyendo así un paisaje agrícola excepcional, que sostuvo durante casi cinco siglos el sustento de una población agrícola y ganadera tradicional. Pero los procesos económicos actuales, en los que prima la intensificación de la producción y la importación sobre la exportación, no han hecho más que despoblar el medio rural de nuestras islas, conduciendo a estos espacios a un avanzado estado de abandono y deterioro en el que hoy se ven inmersos. Se genera además una desvinculación de la población al mundo rural, entendiéndose éste a veces como "atrasado", en comparación con las urbes o zonas metropolitanas, convirtiéndose en la excusa perfecta de las administraciones para transformarlo y despersonalizarlo con la proliferación de chalets adosados, urbanizaciones de lujo o burdas imitaciones de caseríos tradicionales, en una falsa creación de un paisaje sin identidad.

Bajo esta realidad de abandono y olvido del conjunto de los paisajes agrícolas tradicionales se ha generado una intensa desvalorización del medio rural y, con ello, de sus bienes y de todo un conjunto de prácticas tradicionales hasta hace tan sólo unas décadas muy arraigadas en nuestra cultura. Se está produciendo así una pérdida de nuestro paisaje, de lo que nos identifica y nos diferencia del resto de poblaciones, de lo que nos da identidad propia y nos recuerda cuáles son las raíces del canario. "Al canario" le gustan los espacios de ocio al aire libre y en contacto con la naturaleza, le gusta el campo y recuerda con cariño la casa de teja de sus abuelos y aquel molino que había donde hoy se alza un gran edificio de cinco plantas y de pequeñas ventanas.

Es la acelerada e irrevocable pérdida de estos paisajes singulares de elevado valor cultural y patrimonial lo que ha conducido a la Unión Europea a la labor de desarrollo de iniciativas que fomenten y revaloricen estos paisajes europeos, como una seña de identidad propia, en el derecho a disfrutar de una calidad de vida, apostando por realzar los valores propios de cada sociedad y huyendo de los procesos globalizadores, que desdibujan las singularidades. De esta necesidad nace la Convención Europea del Paisaje, celebrada en Florencia en 2000, donde se resaltó la importancia del paisaje en la cultura, ecología, medio ambiente, aspectos sociales, económicos y en la generación de empleo, a la par que se enmarcó al paisaje en la componente fundamental del patrimonio cultural y natural europeo. Se entiende así el paisaje no sólo como un elemento de bienestar sino como un recurso que requiere de instrumentos para la protección, gestión y ordenación del mismo. Bajo este marco coyuntural el Gobierno de Canarias está elaborando las Directrices de Ordenación del Paisaje de Canarias, que nacen por la necesidad de integrar la dimensión paisajística en las prácticas de ordenación del territorio y cuya culminación deberá ser la creación de un observatorio del paisaje canario que garantice el mantenimiento, la ordenación y gestión del mismo, tarea en la que deben formarse los futuros gestores del paisaje.

La pérdida del paisaje canario es un problema urgente que requiere de soluciones a corto plazo, por lo que debe instarse a las administraciones locales, hasta ahora al margen del valor cultural y natural del suelo rústico, en el fomento de proyectos en el medio rural que recuperen y frenen la pérdida de un territorio que ha hecho "al canario", pudiendo transmitir así a las generaciones venideras el legado más preciado, nuestra cultura, de la que hoy son vestigios los paisajes rurales dispersos por la geografía insular. Debemos luchar por mantener nuestras raíces, la identidad de un paisaje arraigado en el alma, sin duda el mejor patrimonio para los que llegarán.

* Geógrafa